La misión de los Bancos de semillas es la de extraer
y conservar la diversidad biológica vegetal.
Para alcanzar este objetivo, es importante asegurar la
correcta identificación del material conservado,
y también su calidad. Se pueden conservar semillas
de buena calidad mucho más tiempo y que posteriormente
den origen a plántulas más vigorosas.
La interacción de la semilla, en tanto que material
biológico, con el medio cercano condiciona mucho
su calidad, que depende de numerosos factores como la
genética, la edad, la gestión del hábitat
en el cual se encuentra la planta madre, las condiciones
climáticas, las condiciones fisiológicas
de la planta madre durante su formación, la madurez
en el momento de la recolección, la técnica
de recolección, etc.
La descripción y la profundización de los
conocimientos sobre los aspectos morfológicos,
anatómicos y fisiológicos de las semillas
es muy importante, no solamente para una correcta conservación,
sino también para un uso duradero de los recursos
presentes en el Banco. Por esta razón, es indispensable
«caracterizar»
el material, es decir de observarlo, medirlo y de documentar
los caracteres transmisibles genéticamente. Los
datos obtenidos con este género de análisis
permiten identificar y clasificar las accesiones y crear,
al mismo tiempo, una lista de los descriptores esenciales
para el conocimiento de la colección (Ferreira,
M.E., 2005).
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| La
semilla representa un nuevo organismo, genéticamente
diferente de los padres; esta diversidad es su punto
fuerte que le permite superar las dificultades del
medio y sobrevivir. Foto: semillas y plántulas
de Astragalus verrucosus (© 2005 C. Pontecorvo
- CCB). |
Actualmente, la caracterización de las semillas
se basa principalmente en:
• descriptores morfológicos: dimensiones,
contorno (circular, elíptico, lineal, etc.), sección
transversal (circular, comprimida, flan, etc.), color
de los tegumentos, características morfológicas
exteriores (fibroso, funicular, alado, etc.), presencia
de ornamentaciones particulares (granulada, estriada,
alveolada, etc.), conformación de los tegumentos,
número de los cotiledones, tipología de
embriones (periférica, lineal, basal, etc.), lugar
de acumulación de las sustancias de reserva, etc.
La caracterización morfológica, que es actualmente
la técnica más utilizada, y que presenta
la ventaja de ser la más económica porque
se basa en caracteres fáciles de estudiar, tiene
también límites vinculados al polimorfismo
presente en la naturaleza, a la influencia del entorno
sobre los caracteres
fenotípicos de una especie y a la subjetividad
de interpretación de los parámetros citados
arriba.
• descriptores agronómicos: útiles
sobre todo para las cultivos de importancia económica;
esta tipología de caracterización es muy
cara, no es aplicable a gran escala y no permite todavía
poner en evidencia los fenotipos de interés agronómico
presentes en los lotes de una colección.
• metodologías moleculares: análisis
de ciertas zonas del ADN, llamadas «marcadores moleculares».
Se distinguen en función del marcador cuyo polimorfismo
se estudia. Entre los diferentes marcadores, los microsatélites
(SSRs) se consideran normalmente los más eficaces;
permiten la localización genética semi automática
de un gran número de lotes y, en consecuencia,
una caracterización más precisa y más
rápida a gran escala del material conservado en
el Banco. Esta técnica, hoy muy desarrollada, está
revolucionando las metodologías de caracterización
del germoplasma.
Los conocimientos adquiridos sobre la caracterización
del germoplasma permiten, entre otros, poner en evidencia
las estrategias óptimas para la recolección
de individuos representativos, de elegir el material más
apto para la reproducción de plantas en el vivero
y mejorar las técnicas de conservación a
largo plazo (almacenamiento a bajas temperaturas) de las
colecciones del Banco.