Aunque los datos sobre la distribución
de especies no se han completado todavía, si que
es cierto que en la Tierra la riqueza de especies aumenta
de los polos al ecuador. La diversidad aumenta con la cantidad
de energía solar, la estabilidad del clima y la superficie
disponible, según un modelo de distribución
conocido como « la pirámide de la biodiversidad
». Estos tres parámetros se integran en un
área limitada que se corresponde a los bosques pluviales
tropicales donde la biodiversidad, deducida de la productividad
anual, es dos veces la de las regiones templadas (Dallai
R., 2003).
Dirigiéndonos del ecuador a los polos encontramos
poblaciones siempre más numerosas pero el número
de especies disminuye. Por otra parte la biodiversidad también
disminuye con la altitud; varía también en
función de las lluvias y de la cantidad de sustancias
nutritivas.
El mar, aparentemente homogéneo, esconde una biodiversidad
que en determinadas zonas, desafía la riqueza en
especies de las tierras emergentes.
En los ecosistemas marinos la distribución de especies
depende de algunos parámetros como; la temperatura,
la salinidad, la penetración de la luz solar, el
porcentaje de gas y de sustancias disueltas, la presión
hidrostática, el dinamismo del agua y el tipo de
sustrato (para los organismos bentónicos).
(© 2005 Martino
Coppola di Canzano)
En general se puede decir que la biodiversidad se reduce
en la comunidades fugaces, explotadas o expuestas a condiciones
muy variables, mientras que aumenta en las regiones como
la indo-pacífica tropical donde las condiciones ecológicas
son estables, con ausencia desde hace tiempo de glaciaciones
o perturbaciones tectónicas (Márquez, G. 1996).